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No tenemos constancia gráfica del paso de palio de Nuestra Señora de los Dolores antes de la reorganización de los años cuarenta, cuando se concibió un nuevo paso del anterior el manto bordado y la saya, de principios del siglo XX. Era este de reducidas proporciones –como las del anterior, posiblemente-, pues la Virgen estaba presente en el altar mayor de la parroquia durante el Sermón del Descendimiento en la tarde del Viernes santo y debía pasar por los arcos del Sagrario, que comunican con el trascoro. Para este paso ejecutó el bordador Guillermo Carrasquilla un palio con caídas bordadas en oro sobre terciopelo negro, utilizando para el techo los bordados del manto de camarín que la bordadora Patrocinio López había bordado en 1859. Los varales y la orfebrería eran de escaso valor artístico, y el conjunto resultaba poco adecuado para la imagen de la Virgen.
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En la década de los años 60 del siglo XX, la Hermandad decide acometer el proyecto de un nuevo paso de palio de mayores proporciones, bajo la dirección artística de D. Millán Delgado, quien encargó a Cayetano González el diseño de los nuevos varales, labrados por José Jiménez Jiménez. Este mismo orfebre realizó los faroles de entrevarales, las jarras, la candelería y la corona de la Virgen, de estilo dieciochesco antequerano, estrenada en 1995. En cuanto a los bordados, el palio ha sido confeccionado en diversos talleres. Las bambalinas por su parte exterior son de G. Carrasquilla en 1947; fueron pasadas a nuevo terciopelo y enriquecidas por Caro en 1980. El bordado interior de las bambalinas y el techo fueron realizados por Sobrinos de Esperanza Elena Caro en 1985-86. En 1993 se estrenó el nuevo manto procesional, bordado en el mismo taller, siguiendo las trazas del anterior, de principios del siglo XX. Con las piezas del antiguo manto, se confeccionaron la saya de salida y un manto morado para el septenario en 1994.
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La última gran adquisición son los nuevos respiraderos, estrenados en 2007, obra de Orfebrería Triana y del taller de bordados de Sobrinos de Esperanza Elena caro, siguiendo un diseño original de don Luis Becerra Vázquez. La pieza se compone de trece paños bordados sobre terciopelo y malla de oro. La parte inferior de cada paño se monta sobre malla de bolillo, de cierre denominado “punto de la Virgen”, y la parte superior sobre terciopelo granate. La malla está enmarcada en la parte inferior por roscos a modo de galón con filo de cartulina y en la parte superior por dos “quimeras” o cabezas de león, piezas tejidas de muestra con filo de hojilla, rematados con pieza escamada y recogido todo el conjunto con lazos de milané azul. En el centro de cada paño se sitúa una cartela, siete de las cuales están bordadas en seda, representando los Siete Dolores de la Virgen, y los seis restantes entonan la primera estrofa del “Stabat mater”: “Stabat mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa”. Todo el conjunto se monta sobre un baquetón de plata repujada del que parten las ménsulas o colgantes que enmarcan los paños bordados y sirven de base arquitectónica a los varales. Sobre las dos delanteras van dos faroles en plata repujada, de forme piramidal, estrenados en 2008. [Ampliar información]
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En esta obra destacamos las escenas en miniatura bordadas en seda de las cartelas centrales y los lazos bordados en milané a un solo cabo en diversas tonalidades de color azul celeste. Las cabezas de los leones o “quimeras” son un resumen de formas interpretativas del bordado: cabezas de cordón a un cabo, cartulinas montadas con distintos materiales y listadas y pelo de lentejuela escamada. La parte superior de la cabeza y el cuerpo, se montan sobre “paredillas” de torzal.
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